VUELVE LA PROPAGANDA DEL TERROR DEL ESTADO ISLÁMICO

El periodista japonés Jumpei Yasuda suplica ayuda en un vídeo. -AFP

 

El yihadismo ha vuelto a sembrar el miedo a través de la propaganda de los monos naranja. Acorralado en Siria, ha retomado su retórica amenazante con Occidente en forma de vídeos en los que aparecen rehenes extranjeros atemorizados y pidiendo ayuda. Las imágenes de un periodista japonés y un ciudadano italiano secuestrados en este país árabe que se difundieron ayer copian la escalofriante parafernalia de grabaciones emitidas en los años de su máximo apogeo, de 2014 a 2017.

El declive de la difusión de este tipo de propaganda coincidió con la captura de Raqqa (la que fue capital del califato en Siria), en octubre de 2017, que supuso una gran derrota para el grupo yihadista Estado Islámico (IS). Poco antes, en julio de ese año, fue expulsado de la ciudad iraquí de Mosul, su otro bastión. El 98% del territorio que una vez fue dominado por la organización terrorista en Irak y Siria ha sido recapturado a día de hoy.

Con este teatro de fondo, los yihadistas mostraron ayer como trofeos al periodista freelance nipón Jumpei Yasuda y al ciudadano italiano Alessandro Sandrini. Ambos aparecen en dos grabaciones diferentes, pero en escenarios parecidos, vistiendo monos naranja y suplicando ayuda, rodeados de hombres armados vestidos de negro de pies a cabeza. Un nítido recuerdo de que el grupo terrorista sigue ahí y todavía puede hacer daño.

Las imágenes han sido localizadas por la página web SITE, que monitoriza a grupos yihadistas. Según esta organización, el nipón se identifica como surcoreano, aunque habla en japonés: "Mi nombre es Omar. Soy surcoreano. Hoy es 25 de julio de 2018. Estoy en una situación terrible. Por favor, ayúdenme inmediatamente".

Un alto funcionario del Gobierno japonés lo identificó como Jumpei Yasuda, que fue secuestrado en Siria a mediados de 2015. Según los medios japoneses, estaba en manos del Frente Al Nusra, que tras romper con Al Qaeda ha cambiado de nombre varias veces. Actualmente se denomina Hay'at Tahrir al Sham. Sin embargo, SITE no menciona qué grupo le retiene en estos momentos. Lo mismo ocurre con Alessandro Sandrini, de 32 años, que fue secuestrado en octubre de 2016 en la frontera turco-siria.

La escenificación coincide con otras producciones ya difundidas en el pasado. En concreto, la difusión de estos vídeos recuerda la campaña de secuestros y ejecuciones de periodistas y cooperantes occidentales que llevó a cabo el IS y que alcanzó cotas de máxima brutalidad con la decapitación del reportero estadounidense James Foley, en agosto de 2014, o el asesinato, quemado vivo, del piloto jordano Moaz al Kasasbeh, en febrero de 2015.

La reedición de grabaciones que presagian lo peor para sus protagonistas coincide con el rápido avance de las tropas del presidente sirio, Bashar Asad, por el sur del país. La ofensiva gubernamental que ha recuperado las provincias de Deraa y Quneitra tiene acorralados a los combatientes del IS. Un centenar de yihadistas del Ejército Jaled bin al Walid, facción asociada al IS, se encuentran rodeados en un sector del suroeste de Deraa, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos. Hay varias decenas de civiles (incluidas mujeres y niños) que han sido secuestrados por los extremistas y el pasado 25 de julio más de 300 personas de la minoría drusa murieron en una cadena de atentados suicidas perpetrados por esta facción en Sueida. Violentos combates se desarrollan en la región, fuertemente bombardeada por la aviación rusa, aliada de Asad.

Volver a ver los rostros de Yasuda y Sandrini nos recuerda el calvario de tantos civiles que han sido secuestrados y asesinados por los extremistas. Puede que estemos en los últimos estertores de la guerra siria -en la que han muerto ya más de 350.000 personas desde 2011-, como ha proclamado Bashar Asad en una carta a sus soldados en la que asegura estar cerca de ganar el conflicto. Pero todavía es pronto para dar por agotada la enorme capacidad para brutalizar a los civiles que tiene tanto el régimen asadista como los yihadistas y extremistas armados.

/El Mundo/