URUGUAY ABANDONA LA CUARENTENA BUSCANDO EL EQUILIBRIO ENTRE LA SALUD Y LA ECONOMÍA

La emblemática avenida 18 de julio en el centro Montevideo, con el tráfico limitado por la cuarentena (Catalina Weiss)

 

El sector de la construcción en Uruguay se suspendió desde el 24 de marzo hasta el 13 de abril para prevenir la propagación del COVID-19, razón por la cual se le otorgó a los trabajadores un sueldo para irse de vacaciones sanitarias. Cuando se reabrió la actividad no hubo una explosión de casos positivos, todo lo contrario: la semana pasada se realizaron test aleatorios a los trabajadores y en líneas generales, los resultados fueron en su mayoría negativos. La industria de la construcción da trabajo a 100 mil personas desde el arquitecto hasta los albañiles, lo cual pone al gobierno del presidente Luis Lacalle Pou en un escenario optimista para planear el retorno a diversas actividades económicas y sociales con gradualidad y vigilando que no se deterioren los indicadores de salud comentados. Según explica Infobae el economista Javier Haedo, “la estrategia implica ir hacia una nueva normalidad de manera progresiva y gradual”.

De algún modo, se trata de un proceso dinámico, que permitirá ir más rápido si los resultados son buenos y se podrá frenar o revertir, si empeoran. “Entiendo razonable esta estrategia de modo de evitar una profundización y extensión de una recesión que está siendo severa, con la consiguiente pérdida de empleos y empresas. Hay que tratar de evitar la destrucción del capital que tiene la sociedad en sus trabajadores y en sus empresas”, dijo Haedo que fue Director de OPP y Sub Secretario del MEF en el gobierno de Lacalle (1990-1995).

Tengamos en cuenta que Lacalle asumió la presidencia del país trece días antes de que comenzara la pandemia del coronavirus. Al igual que todos los presidentes del mundo está tomando el examen más difícil que podría atravesar un líder, sumado a tener que enfrentarse al peor enemigo en su propio territorio. No hay dudas que cada uno tiene su propio estilo y plan pero todos serán juzgados por la cantidad de infectados y muertos hasta que se derrote el virus.

Un local comercial en Montevideo durante la reapertura progresiva (Catalina Weiss) Un local comercial en Montevideo durante la reapertura progresiva (Catalina Weiss)

Con más 3,5 millones de casos positivos y 250.000 muertes en el mundo a causa del COVID-19, el gobierno uruguayo tomó una postura diferente en cuanto a la “cuarentena obligatoria”. Ni Jair Bolsonaro, Presidente de Brasil, que desestimó el distanciamiento social en el mundo y las cifras lo convirtieron en el país de América Latina con mayoría de afectados y fallecidos, ni Angela Merkel, la canciller alemana que en todo momento se mostró como una científica al luchar contra la pandemia. La postura del presidente uruguayo fue cuidadosa y su estrategia ha sido la de hacer sintonía fina entre salud y economía, evitando la cuarentena obligatoria y apelando a la responsabilidad de la población. Hasta ahora ha obtenido buenos resultados con más recuperados que contagiados y 17 muertes en total.

“Lacalle había recibido una “herencia” macroeconómica compleja, con alto déficit fiscal (entre 5% y 6% del PIB) y un endeudamiento público que había crecido alrededor de 10 puntos en términos del PIB en los años anteriores. Pero también la recibe en condiciones mejores que muchos países de la región en términos sociales. Uruguay siempre se destacó por contar con una red de protección social amplia. La pobreza en el 9%, el desempleo en el 10% y la informalidad laboral en el 24% son datos malos, pero no tanto como en otros países del área”, explicó Haedo.

La vuelta a la normalidad

Con un desarrollo programado y organizado, los comercios comenzaron a funcionar de manera distinta: básicamente asumiendo el rol clave que tienen en cuanto a la prevención de la enfermedad. Cada propietario armó su propio protocolo sanitario pero todos con el común denominador de obligar a utilizar el tapabocas tal como lo recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), sobre todo por los casos asintomáticos. Además, la mayoría ofrece guantes de latex y alcohol en el gel para el público durante la jornada.

Las calles de Montevideo comienzan atraen a peatones una vez más (Catalina Weiss) Las calles de Montevideo comienzan atraen a peatones una vez más (Catalina Weiss)

Desde la Cámara de Comercios y Servicios del Uruguay (CCSU) aseguraron que realizaron una fuerte campaña con los trabajadores sobre la prevención y que trabajan junto al gobierno sobre la “vuelta a la normalidad”. El último relevamiento de la Cámara reflejó la dura realidad que atraviesan las empresas con una caída en las ventas del 75% o más tras la aparición del coronavirus. Además, el 60% de las empresas consideran que las medidas de apoyo son “insuficientes”.

El Grupo Centro, que asocia a los comercios del Centro, Cordón y Ciudad Vieja de Montevideo, explicó a Infobae que durante este mes y medio hubo locales que dejaron de funcionar por completo y otros que lo hicieron con horarios restringidos como los supermercados y las farmacias. “Yo nunca cerré mi farmacia, tomamos todos los recaudos y de a poco se fue educando a la gente en esta nueva modalidad”, explicó Ana Loffredo, Integrante del Grupo Centro. Casi el 70% de la actividad, que incluye los rubros de chóferes, agencias de viajes, clubes, cooperativas, hoteles e inmobiliarias entre otros, cerraron sus puertas.

“La economía se tiene que activar por la cantidad de costos fijos que tenemos los comerciantes. La rueda de pagos no se frena por nada y nosotros vivimos al día”, explicó Loffredo. Se pudo observar cómo la actividad comercial volvió a funcionar casi en un 85% y en los locales ingresaban no más de 5 personas siempre respetando la distancia de un metro de prevención. “A nosotros no nos funcionó colocar cintas en el piso para indicarle al público donde hacer la fila, entonces hoy armamos de forma casera unas sogas para que la gente respete las nuevas normas”, aseguró Carlos Torres, vendedor de una zapatería sobre 18 de julio.

Abundan los barbijos en el centro de Montevideo, frente a la plaza Independencia (Catalina Weiss) Abundan los barbijos en el centro de Montevideo, frente a la plaza Independencia (Catalina Weiss)

“Entró al local la cuarta parte de lo que venía antes, nosotros le pedimos a la gente que venga con tapabocas y guantes y además solamente hacemos entrar tres personas a la misma vez”, dijo Sara de la marca de indumentaria Lolita. “Vi mucha gente pasar por la vidriera varias veces y no entrar a pesar de que respetamos todos los códigos de seguridad. La gente se ve temerosa”, explicó Juan de la empresa Divino de artículos para el hogar. A pesar de que hubo más gente caminando por las principales calles y avenidas del centro de Montevideo, los locales no tuvieron la actividad que tenían 90 días atrás, cuando el COVID-19 era algo que empezaba en otros países. “Ningún comerciante pensaba que las ventas iban a explotar el primer día. Pero vemos a la gente con mucho miedo porque está lesionada la confianza de los uruguayos y están inseguros de que los comerciantes nos respeten los protocolos de seguridad sanitaria”, explicó a Infobae Federico Celsi, del Grupo Centro.

Las claves de la estrategia uruguaya

Uruguay detectó el 13 de marzo el primer caso positivo de coronavirus en el país. Desde entonces el gobierno ha suspendido las clases y los eventos masivos y lanzado una serie de medidas para enfrentar la pandemia. Estas son las más importantes:

1. Escuelas rurales

Las clases en las localidades alejadas de los grandes centros urbanos fueran las primeras en ser retomadas, ya que esto no significaba una sobrecarga del transporte público ni una obstáculo para el distanciamiento social.

Las medidas de protección para los tiempos de coronavirus, en la vidriera de un comercio (Catalina Weiss) Las medidas de protección para los tiempos de coronavirus, en la vidriera de un comercio (Catalina Weiss)

2. Aliento a la inversión privada

El gobierno uruguayo apostó a un plan de estímulo para ayudar al sector privado a recomponerse y volver a la senda del crecimiento. Actualmente existe un programa de fomento a las grandes inversiones, que incluye importantes exenciones impositivas. Esto se ha diferenciado de otros gobiernos en la región que optan por subir los impuestos para aumentar la recaudación.

3. Seguro de desempleo

Al comienzo de la pandemia, se creó un seguro parcial, para aquellos trabajadores que, sin haber perdido el trabajo, enfrentan suspensiones y una reducción de la jornada laboral.

4. Créditos y subsidios

Para proteger a los trabajadores por cuenta propia, que son en muchos casos los más afectados por el parate, el Ministerio de Desarrollo Social otorgará un subsidio de 6.800 pesos uruguayos (160 dólares) por dos meses a unos 10.000 monotributistas. Además, se concederá créditos de 12.000 pesos (282 dólares) para trabajadores independientes, al que podrían acceder hasta 67.000 personas. Por otro lado, para las 118.000 familias de menores ingresos, beneficiarias del Plan Equidad, se repartirán canastas de alimentos.

Una librería en el centro de Montevideo (Catalina Weiss) Una librería en el centro de Montevideo (Catalina Weiss)

5. Recorte de sueldos a funcionarios

Lacalle Pou anunció a fines de marzo una rebaja de jubilaciones y salarios de funcionarios públicos durante dos meses. El dinero será destinado a la creación de un fondo dirigido a cubrir los gastos provocados por la pandemia.

6. Test aleatorios

Todos los países que están empezando a relajar el confinamiento saben que una de las claves son las pruebas masivas. Es lo que puede permitir detectar rápido los nuevos contagios y aislarlos, sin necesidad de paralizar toda la actividad. Uruguay está yendo en ese camino, con una tasa de 5.400 tests cada millón de habitantes, que es más del triple que Argentina (1.240) y Brasil (1.597).

7. Mascarillas

Todos los países que están empezando a relajar el confinamiento saben que una de las claves son las pruebas masivas. Es lo que puede permitir detectar rápido los nuevos contagios y aislarlos, sin necesidad de paralizar toda la actividad. Uruguay está yendo en ese camino, con una tasa de 5.400 tests cada millón de habitantes, que es más del triple que Argentina (1.240) y Brasil (1.597).

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